Natalicio de Máximo Gómez

Cuando:
18 noviembre, 2016 todo el día
2016-11-18T00:00:00-04:00
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Natalicio de Máximo Gómez

Máximo Gómez Báez (18 de noviembre de 1836 – 17 de junio de 1905)

 

Nació en Bani. Oficial de las Reservas durante la Anexión, pasó a Cuba como un español más al restablecerse la soberanía nacional. En aquella tierra, no correspondido en su lealtad a la monarquía y tenido ya por innecesario, se convenció del error de los prominentes dominicanos que de buena fe y no por sentimientos antipatrióticos, se habían abrazado a la causa de la reincorporación a España. Él no había sido un personaje de cuenta, sino un simple Oficial de las ordenes de Santana, y de la misma calidad corriente de tantos otros. Había tomado las armas por primera vez en la batalla de Santomé, y también lucido uniforme español: pero no alcanzó por ello salir del montón anónimo. Partiendo de esta consideración y teniendo en cuenta el valor de la individualidad humana, dotada naturalmente de derechos para alentar altas aspiraciones y desarrollar las energías propias hasta el grado sumo de la postura superior y heroica, nada tiene que ver la querella convencional de patriotería aldeana con el glorioso libertador de Cuba. El nuevo escenario le removió energías en potencia, y de él surgió el temple gigantesco, superior a las alternativas de la suerte, a las durezas y reveses de la guerra y a las conspiraciones de la envidia. Generalísimo de las huestes cubanas, les mantuvo encendido el coraje heroico con que hiciera de esa aquella guerra una de las más dramáticas de la Independencia en América. Recio e inflexible por la disciplina, insuperable por el valor, intuitivo y fecundo en la estrategia, luchó en las dos etapas de la emancipación cubana, como en marcha ascensional hacia la gloria, empinándose el último, para cerrar el ciclo de los grandes libertadores de un continente. Dotado de vocaciones para el heroísmo, desde la primera guerra descubrió en él la perspicacia cubana, representada por el egregio Martí, las cualidades de paladín requeridas para marchar a la conquista de la libertad. Sobre la altura iluminada del triunfo, hostilidad, postergamiento, desdén e ingratitud buscaron amargarle el alma, como forastero que debía ya retirarse; pero no prevalecieron; y cuando la gratitud de apresuró a concederle el primer honor, tuvo un gesto de abnegación con el cual se reafirmó su contextura de gran varón forjado para la epopeya. Dominicano de cuerpo y alma, y cubano de corazón, padeció trágicas luchas intimas, pero ellas no abatieron al héroe Noble campeón del ideal de libertad, no como aspiración de un grupo, si no de la humanidad. El heroísmo guerrero dominicano no ha rayado a más altura.